Cuando imaginamos la búsqueda de vida extraterrestre, solemos pensar en potentes telescopios apuntando a estrellas situadas a decenas de años luz de distancia. Sin embargo, un nuevo estudio científico sugiere que el mejor laboratorio para entender si esos lejanos mundos pueden albergar vida está mucho más cerca de lo que creemos: justo al lado, en Marte.
El artículo, titulado «Mars as an Exoplanet: Lessons from a Planet at the Edge of Habitability» (Marte como exoplaneta: Lecciones de un planeta en el límite de la habitabilidad), propone un enfoque innovador. Liderado por el astrofísico Stephen R. Kane, el estudio plantea que Marte es el «exoplaneta análogo» perfecto para calibrar nuestras herramientas y teorías antes de buscar vida en otros sistemas estelares.
Marte: El planeta que «pudo ser» y dejó de serlo
Hace miles de millones de años, Marte no era el desierto helado y estéril que conocemos hoy. Las misiones espaciales como el rover Perseverance de la NASA han confirmado que el planeta rojo tuvo en su superficie agua líquida, ríos caudalosos y lagos templados, protegidos por una atmósfera mucho más densa. Es decir, Marte fue habitable en el pasado.
¿Qué salió mal? A diferencia de la Tierra, Marte es un planeta pequeño (tiene solo el 11% de la masa terrestre) y su núcleo se enfrió rápidamente. Al enfriarse, perdió su dinamo interno y, con él, su escudo protector: el campo magnético. Sin escudo, el viento solar barrió gradualmente la atmósfera marciana, evaporando el agua y convirtiéndolo en un páramo desértico.
Este proceso de degradación convierte a Marte en el ejemplo ideal para estudiar la evolución climática y el «límite exterior» de la zona habitable de una estrella.

La pérdida de la atmósfera: El gran peligro para los exoplanetas
Uno de los mayores desafíos en la búsqueda de vida en otros sistemas solares es que la mayoría de los exoplanetas rocosos descubiertos hasta ahora orbitan estrellas llamadas enanas rojas (estrellas tipo M). Estas estrellas son más pequeñas y frías que nuestro Sol, pero son extremadamente activas y lanzan violentas llamaradas de radiación y viento estelar.
El estudio de Kane y su equipo explica que la historia de Marte es vital para comprender estos mundos. Si un planeta no cuenta con una masa suficiente para retener su atmósfera, o carece de un campo magnético global fuerte, la intensa actividad de su estrella anfitriona lo despojará de su aire y agua en poco tiempo, tal como le ocurrió a Marte.

Calibrando el Telescopio James Webb (JWST)
¿Cómo nos ayuda Marte a analizar planetas a billones de kilómetros? Actualmente, el Telescopio Espacial James Webb (JWST) analiza la luz que pasa a través de las atmósferas de los exoplanetas para identificar qué gases contienen (una técnica conocida como espectroscopía de tránsito).
El problema es que interpretar estos datos es extremadamente complejo. Las firmas de gases como el dióxido de carbono (CO₂), el agua o el metano pueden significar cosas muy distintas dependiendo de la historia del planeta. El estudio señala que, al observar a Marte con telescopios espaciales y comparar los resultados directamente con los datos de las sondas que están *in situ* en su órbita y superficie, los científicos pueden validar y corregir los modelos informáticos que usamos para describir a los exoplanetas.
Conclusión: El vecino que nos abre las puertas del universo
Marte no es solo el próximo destino para los astronautas; es la clave de bóveda para descifrar la habitabilidad planetaria en el universo. Entender por qué Marte murió nos ayudará a saber dónde buscar mundos vivos y, sobre todo, a comprender la inmensa fortuna que tiene la Tierra al mantenerse en el centro de su zona habitable, protegida por su propio escudo magnético.
Referencia científica: Stephen R. Kane et al. Mars as an Exoplanet: Lessons from a Planet at the Edge of Habitability. Aceptado en The Planetary Science Journal (2026). DOI e impresión abierta: arXiv:2605.18949.
